lunes, 30 de noviembre de 2009

4. LA REVOLUCIÓN MEXICANA


La revolución mexicana estalló como resultado de varios factores: la específica situación histórica del país; la crisis generada del gobierno de Porfirio Díaz; el fracaso de una solución pacífica a la sucesión presidencial de 1910; las aspiraciones de las clases medias y populares, contrarias al régimen oligárquico, y el complejo contexto internacional de aquellos días.
México era el único país que combinaba crecimiento económico con gobierno dictatorial y con graves problemas agrarios.
Solo en México se dio una explosiva combinación, que hacía posible la alianza de campesinos, obreros y clases medias.
En la segunda etapa del largo régimen porfirista, se distinguió por el perfeccionamiento de la mecánica política y por el notable crecimiento económico alcanzado.

El comercio exterior también recibió gran impulso, con lo que México adquirió un nuevo puesto entre todas las naciones del mundo. Fueron años definidos, ilustrativamente, con el lema de “poca política y mucha administración”.
La crisis de finales del régimen porfiriano fueron graves, múltiples, simultáneas e insolubles y afectaron con intensidad variada todos los aspectos político, económico, social, diplomático y cultural.
El sistema político porfiriano sufrió otra costosa transformación durante los mismos años.
La crisis económica tuvo causas estructurales y coyunturales, internacionales y nacionales. Primero que todo, el crecimiento había sido desigual y disparejo.
En 1907 una severa depresión económica azotó a Europa y Estados Unidos, encareciendo sus importaciones y disminuyendo las exportaciones mexicanas. Por lo que respecta a los hacendados, la falta de créditos también los obligó a reducir sus cultivos, afectando el nivel de empleo y los ingresos de sus diversos tipos de trabajadores.

El porfiriato padeció también una severa crisis social desde finales del siglo XX. En el ámbito rural, tuvo su origen en la pérdida de tierras sufrida por las comunidades campesinas, desde que l crecimiento urbano-demográfico provocó un aumento en la demanda de productos agropecuarios, y cuando dicha demanda pudo ser satisfecha con un extenso sistema ferroviario. La crisis social afectó también a los sectores urbanos.
La crisis en el ámbito cultural fue igualmente importante a principios del siglo XX comenzó a ser cuestionado el positivismo como ideología gubernamental. Durante los últimos años del régimen porfiriano se padecieron severas crisis en todos los ámbitos de la vida pública nacional.

Los problemas enfrentados al final del gobierno porfirista generaron críticas y movimientos opositores entre diversas clases sociales y grupos políticos, algunos de ellos merecen que se les considere precursores de la Revolución mexicana. Los primeros en expresar sus críticas fueron ciertos sectores católicos. A pesar del acercamiento entre el gobierno y la Iglesia católica logrado en el porfiriato, se censuraba moderadamente a Díaz por conservar los principios liberales anticlericales de la Constitución de 1857, por el alto número de masones existente entre sus colaboradores, por el apoyo otorgado a los protestantes, especialmente en el norte del país, por la decisión gubernamental de que la filosofía positivista, abiertamente anticatólica, dominara parte de la educación pública nacional. De los reclamos contra la situación agraria, los católicos pasaron a censurar el militarismo, el caciquismo y la falta de democracia.

En 1900 surge otro importante grupo antiporfirista, encabezado por descendientes de los liberales de mediados de siglo y en el que participaron diversos sectores de la clase media urbana, como profesionistas, periodistas, maestros y estudiantes, con el objeto de que se presionara a Díaz para que aplicara dichos principios: anticlericalismo, libertad de expresión, democracia electoral, separación de poderes, adecuada administración de justicia y autonomía municipal. Para iniciar dichas labores se convocó a los defensores a un congreso en San Luis Potosí, entre los asistentes Jesús y Ricardo Flores Mangón. Dichas labores trajeron como resultado la radicalización de los liberales.
Antonio Díaz Soto y Gama, joven abogado potosino, fue encarcelado por un discurso en el que, en forma inusitada, dirigió críticas directas contra Díaz en el periódico de aquella época llamado Regeneración.
El gobierno aumentó la represión, lo que forzó a muchos de aquellos liberales a optar por el exilio, radicándose en estados Unidos. Regeneración, durante un tiempo siguieron proponiendo métodos pacíficos de lucha y se mantuvieron afines a la ideología liberal.
El mayor error estratégico magonista, producto de la radicalización y el distanciamiento, consistió en convocar a las armas en 1908, decisión que provocó nuevas escisiones.

El país entró en un autentico optimismo democrático, en espera de las elecciones de 1910, pues se había prometido que serían libres sin la participación reeleccionista de don Porfirio. Algunos de los que se oponían a la reelección de Porfirio Díaz fueron el político Venustiano Carranza; el médico tamaulipeco Francisco Vázquez Gómez; Luis Cabrera, abogado y periodista poblano y José Ma. Maytorena, hacendado sonorense, entre otros.
En términos sociales prácticamente todas las clases sociales tenían reclamos contra el régimen, especialmente las clases medias y los sectores populares, en términos políticos el gobierno de Díaz estaba muy debilitado y por primera vez enfrentaba una oposición organizada y generalizada: el movimiento antirreeleccionista.
El crecimiento del antirreeleccionismo a partir de la alianza con numerosos elementos, que prefirieron luchar electoralmente y no con armas en la mano, orilló a Díaz a dirigir contra él sus medidas represivas. Al saber que Díaz había aceptado presentar su renuncia, muchos decidieron incorporarse a los alzados aunque fuera tardíamente. Fue entonces cuando aparecieron protagónicamente gente como el arriero y comerciante chihuahuense Pascual Orozco; como Pancho Villa, que en cierto sentido era un bandolero nacido en Durango y que operaba en Chihuahua; Emiliano Zapata domador de potros y José María Pino Suárez, abogado y periodista nacido en Tabasco pero radicado en Yucatán.
El llamado alas armas, para el 20 de noviembre de 1910, no fue secundado por sus seguidores antirreeleccionista, pues no reunían las condiciones adecuadas para una aventura armada fue una cruel advertencia gubernamental y un sacrificio paradigmático del destino que esperaba a los antirreeleccionistas citadinos que se involucraban con la rebelión.
La presidencia de Madero, iniciada a finales de 1911y concluida con violencia en febrero de 1913, se distinguió por las transformaciones políticas a que dio lugar. La libertad electoral impulsada por Madero y el derrumbe del grupo porfirista permitieron la llegada de gobernadores muy diferentes a los anteriores. La presidencia de Madero trajo, consecuentemente prácticas políticas más democráticas: hubo elecciones libres y libertad de expresión; el Poder ejecutivo dejó de dominar al Legislativo y al judicial.

Las principales oposiciones violentas que padeció el gobierno maderista fueron cuatro: dos encabezadas por beneficiarios del régimen porfirista: Bernardo reyes y Félix Díaz, y dos por los alzados antiporfiristas desilusionados: Emiliano Zapata y Pascual Orozco.
Félix Díaz se alzo en armas en Veracruz varios meses después, en octubre de 1912, clamando contra la incapacidad de Madero para imponer orden en el país
Para poder vencer a los orozquistas el gobierno puso al mando de la campaña al general Victoriano Huerta, a quien otorgó numeroso elementos y recursos. A finales de 1912 y principios de 1913 Madero empezó a sentirse consolidado, creyendo que finalmente había alcanzado la estabilidad.
La lucha contra Huerta comenzó en marzo de 1913 en el norte del país.
Además de fuerza militar, la principal contribución del villismo a la lucha constitucionalista fue haberle dado un enorme y protagónico contingente de origen popular: gracias al villismo la lucha antihuertista norteña no se limitó a ser una lucha legalista y de clases medias.
Villa dominó completamente Chihuahua a finales de 1913 y principios de 1914.
Hacia marzo y abril de 1914, luego de prepararse durante un par de meses, los ejércitos norteños iniciaron su descenso al centro con el objeto de desalojar a Huerta de la capital del país. La derrota de Huerta era inevitable e inminente, dado que su ejército carecía del necesario espíritu de triunfo y operaba con una estrategia defensiva y estática, parapetándose en las principales ciudades

La revolución mexicana tomó un nuevo derrotero con la ocupación de la ciudad de México y el triunfo sobre el gobierno y el ejército huertista, victoria plasmada en los tratados de Teoloyucan, de agosto de 1914.
Hubo un intento por resolver pacíficamente las controversias y llegar a un proyecto común, las diferencias eran insalvables. Por lo tanto, el inevitable conflicto asoló al país durante todo 1945, en la etapa conocida como la “guerra de facciones”.
Derrotado el enemigo común-Huerta- los victoriosos ejércitos se enfrentaron entre si.
Los bandos habían quedado definidos: los obregonistas resolvieron posponer sus ambiciones de mando y sus afanes de imponer su proyecto. Por otra parte los villistas y zapatistas creyeron que, al ser ambos de origen popular, podían aliarse y luchar por imponer un proyecto común, pacto que sellaron en Xochimilco a finales de 1914
En menos de un año los constitucionalistas derrotaron a los villistas y zapatistas, convirtiéndose en grupos guerrilleros limitados a sus respectivas regiones. La facción constitucionalista siempre tuvo el mismo liderazgo incontrovertible. El constitucionalista era un grupo altamente homogéneo en 1915, con la disciplina suficiente para conservar su unidad, identidad y estructura.
El acercamiento o el alejamiento de los diversos grupos sociales dependió del proyecto de cada facción, así como la viabilidad de cada proyecto estuvo determinada por la fuerza política y militar de la facción que lo sostuviera.
1916 se caracterizó por un claro proceso institucionalista y por el predominio de las actitudes moderadas en la facción vencedora. En tanto los villistas y zapatistas pasaron de ser una amenaza nacional grave a ser dos problemas regionales, el gobierno carrancista dejó de requerir apoyos populares masivos, por lo que comenzó a revertir la tendencia dominante en 1914 y 1915, de hacer grandes concesiones sociopolíticas a tales sectores.
En algunos aspectos hubo, a lo largo de la lucha armada, planteamientos más radicales, es indudable que la Constitución de 1917 fue la única propuesta completa de reorganización nacional; además tenía gran amplitud ideológica, legitimidad política y representatividad sociogeográfica. La puesta en vigor de la nueva constitución y el inicio de la presidencia constitucional de Carranza, en mayo de 1917, dieron comienzo formal al México posrevolucionario.
Es incuestionable que la Revolución mexicana fue el acontecimiento nacional más importante del siglo XX, en tanto que su proceso produjo un nuevo Estado, todavía hoy vigente, dominado por unas clases medias no radicales pero que entendieron la necesidad de satisfacer los principales reclamos de los grupos populares que habían participado decisivamente en la lucha revolucionaria.

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